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Etiquetas: oración del jueves

Oración Comunitaria 01/06/2017

ENTRADA
Una semana más, nos encontramos en comunidad para orar juntos. Cada uno ha vivido su Pascua, y está a punto de terminar el tiempo que la Iglesia nos regala, y que comenzábamos con la carta de Seve, que hoy ya terminamos:
La vocación de evangelizadores creyentes en el evangelio no es otra cosa que liberar, no condenar; despertar a la esperanza y no juzgar; encender la fe, que está queriendo brotar, y no apagar el fuego que se extingue, porque hemos sido iluminados por el Cirio Pascual que ilumina, como dice Francisco de Asís, «las tinieblas del corazón», para ser mensajeros de fraternidad. Cuántos gestos de fraternidad puedes ofrecer: da un abrazo; acaricia con ternura; acompaña en silencio; enjuga una lágrima; brinda tu compañía; tiende una mano; ayuda a asumir un fracaso; escucha pacientemente; presta imaginación a la misericordia; consuela, anima, acompaña, levanta, aúpa... Ofrece Buenas Noticias que iluminen tus quehaceres. Te invito a que propongas a otros la fe sin imponer, despiertes las conciencias sin buscar dominarlas, anuncies a Jesucristo en medio de múltiples mensajes: «Si tú quieres»... te invito a que inicies el CAMINO ABIERTO POR JESÚS EN LA PASCUA.

PRIMERA LECTURA
Señor, enséñame el camino de tus leyes,
pues quiero seguirlo hasta el fin.
Dame entendimiento para guardar tu enseñanza;
¡quiero obedecerla de todo corazón!
Llévame por el camino de tus mandamientos,
pues en él está mi felicidad.
Haz que mi corazón prefiera tus mandatos
a las ganancias mal adquiridas.
No dejes que me fije en falsos dioses;
¡dame vida para seguir tu camino!
Cumple conmigo tu promesa,
las que haces a tus fieles.
Aleja de mí la ofensa que temo,
pues tus decretos son buenos.
Yo he deseado tus preceptos;
¡dame vida, pues tú eres justo!
Muéstrame, Señor, tu amor y tu salvación,
tal como has prometido.

NOTICIA
En plena carretera de Colmenar Viejo, con la urbe en el espejo retrovisor, me encuentro con un Edén. Un verdadero paraíso que consiste en una parcelita, dos casas muy cómodas y un pequeño huerto. Pero hay algo que hace aún más especial este empíreo madrileño: lo llaman hogar dieciocho personas de las más vulnerables de nuestra sociedad -refugiados, marginados- y el cura que les quiere, Jorge de Dompablo. A pesar de estar a dos pasos del centro de la capital, la finca se encuentra bien apartada del barullo cotidiano. Como es propio de un espacio diseñado para curar las cicatrices emocionales de gente que han sufrido lo peor de nuestra "sociedad del descarte", como lo llama el Papa Francisco, y para acorazarles en las nuevas vidas con las que han sido regalados.
La idea es que los lugares sean primero un hogar, una casa. No es un centro lleno de habitaciones sin más, sino que lo que hemos querido es que fuera un espacio donde uno se sienta a gusto. Después de la vida que uno ha tenido, dura -después del caminar que han tenido para venir hasta aquí los inmigrantes- después del rechazo que sienten de la sociedad... que tengan un espacio, un lugar, que es suyo, que está adaptado para ellos para disfrutar. La intención de una casa así es dar una familia, dar unas raíces, dar un sentido, y la ayuda necesaria para poder arreglar sus papeles, situarse, aprender el idioma, y comenzar una vida nueva.
"Tenemos las dos casas, las dos caravanas, y muchas tareas", me dice el cura al empezar nuestro recorrido de la finca. Comenzamos con uno de los dos huertos que hay en el terrenito, donde crecen lechugas, patatas, pimientos, tomates, cebollas, calabazas y espárragos. Todo muy de campo, y me cuesta recordar que estoy solo a unos kilómetros del centro. "Para consumo propio y para cuando venga alguien, se lo das", me explica el padre Jorge.
"Por necesidad nos dan mucha comida, pero es muy bonito el ir viendo el trabajo, el ir sembrando, regando, arreglando... y luego ver el producto", continúa el sacerdote, explicándome la razón por la que se empeñan en cultivar las hortalizas. Tienen también un pequeño invernadero, para el que tienen grandes planes para el futuro. Un recordatorio de que todo lo que hacen aquí, luchando para que las personas que se hospedan puedan un día volver a sostenerse por sí mismos, es un proyecto en construcción. La formación que proporciona el ir cuidando el terreno y las hortalizas, me dice el padre, "es informal pero formal". Formal en el sentido en que aquí se ofrece la oportunidad de aprender un oficio con vistas a que el que lo desee pueda en el futuro ganarse la vida con ello.
Dentro de la casa principal, el padre Jorge me va contando más detalles del pasado y presente del proyecto que él lleva junto con los miembros de la asociación que ha fundado, la Asociación San Francisco de Asís: "Aquí llevamos ya veinte años. Antes con chicos de droga... Luego empezaron a venir los marroquíes, que eran los primeros inmigrantes que se empezó a ver por las calles. Estaba yo de cura en El Berrueco, y allí acogimos a unos cuantos marroquíes. Volvimos otra vez a la droga, y ya en estos últimos ocho o diez años empezamos a ver la necesidad, ya muy urgente. Estaban ya en otras asociaciones acogiendo subsaharianos, y entonces empezamos a acoger subsaharianos".
A mi pregunta de qué pueden hacer con los traumas que estos pobres llevan en sus almas -una vez satisfechas sus necesidades de comida y cama- el padre Jorge me responde con una solo palabra: cariño. "El cariño es muy importante. Que se sientan valorados, que se sientan queridos. Que sientan que no son un número, sino que cada día les preguntes a cada uno: '¿Qué tal estás? ¿Qué has hecho hoy?'. Hay uno que habla muy poco... '¿Con quién has hablado hoy?' ¿Con cuántos? ¿Cuántas horas has estado hablando? Entonces así, con bromas, que vayan sacando todo, pero sobre todo que se sientan valorados, que son importantes. Porque llegar hasta aquí es tan duro. Tan duro de mafias, pero ¿enfrentarte al mar?"

EVANGELIO (Juan 6, 60-69)
En aquel tiempo, muchos de los discípulos de Jesús decían: “Este modo de hablar es duro, ¿quién puede hacerle caso?”.
Sabiendo Jesús que sus discípulos lo criticaban, les dijo:
«¿Esto os escandaliza?, ¿y si vierais al Hijo del hombre subir adonde estaba antes? El Espíritu es quien da vida; la carne no sirve para nada. Las palabras que os he dicho son espíritu y vida. Y, con todo, hay algunos de entre vosotros que no creen».
Pues Jesús sabía desde el principio quiénes no creían y quién lo iba a entregar.
Y dijo: Por eso os he dicho que nadie puede venir a mí si el Padre no se lo concede. Desde entonces, muchos discípulos suyos se echaron atrás y no volvieron a ir con él. Entonces Jesús les dijo a los Doce: «¿También vosotros queréis marcharos?».
Simón Pedro le contestó: «Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna; nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo de Dios».